Meningococcemia
El púrpura fulminante, o meningococcemia, es una enfermedad generada por varios tipos de meningococo (usualmente el Neisseria meningitidis), habitante frecuente de la nariz y la garganta de los individuos sanos. La meningococcemia ocurre cuando el meningococo invade el torrente sanguíneo. Existen diferentes grupos de meningococo, los más comunes son denominados A, B, C, W135 e Y. Todos ellos pueden generar enfermedades en los humanos, con diferente gravedad. Los casos de enfermedad pueden ser aislados, o constituir una epidemia. Cuando se produce una epidemia, habitualmente es causada por un único grupo de meningococo.
El meningococo alojado en la garganta o en la nariz de un portador o de una persona enferma, se disemina al ambiente a través de las gotitas de saliva que salen de la boca al hablar, al toser, o al estornudar. Queda “suspendido” en el aire, y penetra en el aparato respiratorio de otro individuo, alojándose allí, o, en el peor de los casos, difundiéndose desde allí al resto del organismo para provocar enfermedad. En espacios abiertos o en ambientes bien ventilados, el contagio es muy poco probable. Por lo tanto debe considerarse “contacto” en riesgo de contagio a todas las personas que viven en el mismo domicilio, y los compañeros de clase que se sientan al lado del niño afectado, ya que probablemente han permanecido cerca de él durante varias horas, en un ambiente cerrado, en los últimos días.
No es “contacto”, si no se ha estado cerca del niño enfermo durante varias horas, en una misma clase, en los últimos días. Tampoco lo son los vecinos de la casa, ni del barrio, ni los familiares que no han estado con él en los últimos días.
En el caso de un “contacto” real, se debe consultar al médico y se administrará un antibiótico.La incidencia de la meningococcemia se relaciona con la condición socio-económica de los países, como ocurre con tantas otras enfermedades infecciosas, siendo mayor el número de casos en las áreas de menores recursos. Se observan casos aislados durante todo el año, pero aumenta su frecuencia durante los meses más fríos (invierno y primavera). El meningococo se aloja en las vías respiratorias de los individuos sanos, algunos pueden convertirse en portadores asintomáticos, sin desarrollar la enfermedad. La incidencia aumenta en niños, en casos de individuos institucionalizados, (guarderías, asilos), y en condiciones de hacinamiento. En individuos con buenas defensas, no ocurre la diseminación de bacterias desde la garganta a la sangre. Pero en algunos individuos, en determinadas circunstancias, esta bacteria puede provocar enfermedad grave. Afortunadamente la mayoría de los casos de meningitis meningocóccica logran una curación satisfactoria con un tratamiento adecuado. En algunos casos la meningitis meningocóccica y, sobre todo, la sepsis meningocóccica (Púrpura Fulminante) evolucionan fatalmente. La enfermedad puede presentarse como meningitis, o meningococcemia fulminante. Esta última presentación es la forma más grave. Es más frecuente en los niños que en los adultos. En pocas horas, un niño que estaba sano, instala fiebre, decaimiento, aparecen manchas violáceas en la piel, y la enfermedad progresa rápidamente al fallo de la circulación, depresión de la función cardíaca, con caída de la presión arterial, mala llegada de la sangre a los diferentes órganos, fallo respiratorio, fallo renal, trastornos de la coagulación, hemorragias, convulsiones, coma, y desequilibrios del metabolismo; todo esto de tal magnitud, que la muerte puede producirse en pocas horas. En un niño febril, la aparición en la piel de petequias (pequeñas manchas violáceas), que rápidamente se extienden por todo el cuerpo y el tejido de esas áreas puede morir (tornarse necrótico o gangrenoso). Si el paciente sobrevive, las áreas sanan dejando cicatrices.
Existen otras enfermedades que se acompañan de fiebre y púrpura, como es el caso de algunas virosis. No son graves. Pero hasta estar seguros del diagnóstico, la meningococcemia debe temerse y descartarse siempre.
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